HISTORIA XLVIII: LA BASE AÉREA "LOS CÓNDORES" Y EL DOLOR MILITAR
Historia XLVIII: El Abandono de las Pistas
Cómo la base quedó vacía, dejando solo la mítica torre de madera como guardián de la memoria.
Una investigación y crónica de Chris Go (C R I S G O)
100 Historias del Desierto
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Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!“El Abandono de las Pistas: El letargo desértico de la antigua base y la persistencia de la torre de madera como guardián solitario de la memoria.”
Tras el repliegue definitivo de las unidades militares en 1975, el espacio geográfico que ocupaba la Base Aérea “Los Cóndores” en la meseta de Alto Hospicio sufrió un radical proceso de letargo y desolación. Las extensas explanadas, que durante casi cincuenta años habÃan vibrado con la potencia de los motores a pistón y la turbulenta turbina a reacción, quedaron vacÃas y expuestas a la intemperie. La arena fina impulsada por el viento norte, el sol implacable del mediodÃa pampero y la densa niebla húmeda de la camanchaca comenzaron a apoderarse lentamente de las antiguas pistas de aterrizaje y de las dependencias abandonadas, cubriendo de un tinte melancólico todo el sector.
El Centinela Solitario de Pino Oregón
en la investigación que he realizado encontramos esto: el abandono de las pistas de la Base ‘Los Cóndores’ a partir de 1975 no solo marcó el fin de las operaciones militares activas en Alto Hospicio, sino que convirtió al predio desértico en una inmensa y silenciosa tierra de nadie, donde la mÃtica torre de madera resistió erguida los embates del clima como el faro patrimonial de la meseta, sirviendo de centinela silencioso a la espera de la posterior llegada de las familias pioneras.
Erigida con gruesas vigas de pino Oregón de alta resistencia, la mÃtica torre de control de la base militar se negó a sucumbir a la desintegración del tiempo. Mientras los hangares de zinc eran desmantelados y las cercas de alambre de púas caÃan vencidas por el óxido de la pampa salada, la torre permaneció erguida en medio del páramo arenoso. Para los arrieros que aún cruzaban la cuesta con mulas y los camioneros de la antigua ruta, la torre de madera se transformó en un referente visual ineludible, una suerte de faro terrestre que anunciaba el fin de la empinada subida y el ingreso a la gran meseta desértica.
El Acercamiento Informal de la Vida Civil
Durante la segunda mitad de la década de 1970 y los primeros años de los 80, las pistas desiertas comenzaron a registrar una tÃmida e informal presencia civil. Los niños de las escasas parcelas del desierto acudÃan a jugar en las planicies lisas, desafiando el viento con volantines de papel y elevando sus miradas al hermoso cielo azul que coronaba el sector. Asimismo, arrieros y pastores de cabras utilizaban los terraplenes desocupados para pastorear ganado menor de manera estacional. Este paulatino y espontáneo uso vecinal fue la antesala de la gran explosión habitacional y comunitaria que vivirÃa Alto Hospicio unos años más tarde.
La inmensa pista abandonada habÃa dejado de pertenecer a los rigores de la guerra aérea para ser devuelta, lentamente, a las manos libres y pacÃficas de la pampa grande, sirviendo de puente geográfico indispensable entre el pasado estratégico de la frontera y el futuro cÃvico de la comuna.
El Valor de Resignificar el Territorio
En CrisGoTV abordamos el periodo de abandono de las pistas militares como un hito patrimonial inmaterial invaluable. La icónica torre de madera no es solo un vestigio del pasado castrense, sino un sÃmbolo de resistencia y arraigo identitario para todo el pueblo hospiciano. Ella resistió en soledad el viento y el olvido, tal como lo hicieron las primeras familias que llegaron a poblar la sal de la meseta en los años 80. Hoy miramos este monumento con respeto e inspiración, comprendiendo que el silencio de aquellas pistas desiertas fue el espacio fértil donde germinó la fuerza, la autogestión y el orgullo multicultural de nuestra querida e histórica comuna.