HISTORIA XLVII: LA BASE AÉREA "LOS CÓNDORES" Y EL DOLOR MILITAR
Historia XLVII: El Traslado de la FACH (1975)
La mudanza definitiva de las operaciones militares al aeropuerto Diego Aracena en Chucumata.
Una investigación y crónica de (C R I S G O)
100 Historias del Desierto
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Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!“El Traslado de la FACH: El fin de las operaciones de combate en la meseta y el éxodo aéreo hacia el sector costero de Chucumata en 1975.”
A mediados de la década de 1970, el avance tecnológico de la aviación militar de combate y las nuevas exigencias de la geopolÃtica nacional impulsaron una de las transformaciones territoriales más significativas para la meseta de Alto Hospicio. En 1975, la Fuerza Aérea de Chile (FACH) determinó que las históricas pistas de tierra y las instalaciones de la Base Aérea “Los Cóndores” resultaban estrechas e inadecuadas para la operación segura de los veloces aviones a reacción de última generación. Con ello, se inició un masivo proceso de traslado de hangares, personal militar y material de vuelo hacia el nuevo aeropuerto internacional Diego Aracena, emplazado en el sector costero de Chucumata, al sur de Iquique, poniendo fin a casi medio siglo de soberanÃa aérea directa sobre la pampa hospiciana.
Razones Técnicas y GeopolÃticas de una Mudanza
en la investigación que he realizado encontramos esto: la mudanza definitiva de la FACH en 1975 desde la meseta de Alto Hospicio hacia el aeropuerto Diego Aracena en Chucumata obedeció tanto a razones técnicas de longitud y seguridad de pistas para albergar cazas a reacción modernos como a una planificación estratégica nacional que dejó en desuso las históricas instalaciones aéreas de Los Cóndores, abriendo paso al silencio y preparándolas involuntariamente para el posterior poblamiento civil.
La introducción de modernos aviones de combate equipados con turborreactores exigÃa pistas pavimentadas de gran longitud y zonas de aproximación despejadas de las que la meseta alta carecÃa. Además, la constante presencia de tolvaneras de arena en verano y la invasión repentina de la densa niebla camanchaca dificultaban de sobremanera los despegues de emergencia e instrumentos de navegación del periodo. El éxodo de la FACH hacia la franja costera de Chucumata incluyó el desmantelamiento progresivo de talleres mecánicos, oficinas operativas y dependencias administrativas, dejando atrás un vasto espacio vacÃo que por décadas habÃa sido sinónimo de poderÃo y orgullo castrense.
El Silencio y la Transición de la Meseta
Con el retiro de los uniformados, las pistas de Alto Hospicio quedaron sumidas en un profundo y melancólico silencio. Los masivos estruendos de los motores de aviación que solÃan despertar a los parceleros y sacudir las frágiles viviendas del sector desaparecieron del ambiente. Sin embargo, este desmantelamiento operativo no significó el abandono definitivo del territorio. Al quedar estas extensas llanuras libres del control militar aéreo estricto, la meseta comenzó a ser percibida por las autoridades gubernamentales y por miles de migrantes sin casa de Iquique como una inmensa y viable alternativa de expansión urbana.
Las pistas desiertas y las construcciones abandonadas —con la sola excepción de la icónica torre de control de madera que permaneció erguida en el paisaje— se convirtieron en un lienzo en blanco para la posterior colonización pacÃfica del pueblo hospiciano, transformando un espacio de resguardo armado en el cimiento de una vibrante ciudad de esfuerzo.
Un Tránsito Hacia la Vida Civil
En CrisGoTV analizamos la mudanza de la FACH de 1975 como una bisagra histórica fundamental para nuestra comuna. Comprender el traslado de la base aérea hacia Chucumata nos permite trazar la transición de un Alto Hospicio netamente logÃstico y militar hacia el espacio urbano autogestionado y multicultural que es hoy. Valoramos la historia militar de la meseta como parte de nuestro patrimonio, pero destacamos aún más el proceso civil que supo resignificar estas tierras, demostrando que donde antes rugÃan los motores de guerra hoy se alza el esfuerzo y la esperanza del pueblo hospiciano, construyendo con orgullo su propio porvenir.