HISTORIA III: ORÍGENES PREHISPÁNICOS
El Cerro Sagrado Huantaca
El nombre prehispánico del Cerro Esmeralda y su rol como Apu guardián.
Una investigación y crónica de (C R I S G O)
100 Historias del Desierto
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“El Cerro Esmeralda oculta bajo su nombre hispano un pasado sagrado: el Apu Huantaca, el coloso de piedra que unificaba la devoción de la costa y el desierto.”
Quienes habitamos o transitamos por Alto Hospicio contemplamos a diario el imponente relieve que vigila la gran cuesta. Hoy lo conocemos como el Cerro Esmeralda, un faro de tierra de 905 metros de altura sobre el nivel del mar que cae abruptamente hacia la ciudad de Iquique y el océano PacÃfico. Sin embargo, para los antiguos pueblos prehispánicos, esta cumbre tenÃa otra identidad, otra voz y un carácter sagrado: su nombre original era el Cerro Huantaca.
El Apu: La Montaña como Divinidad Viva
En la cosmovisión andina, los cerros no son meros cúmulos inertes de roca y tierra; son seres vivos con voluntad y conciencia. Son los Apus, espÃritus guardianes masculinos que observan y protegen a las comunidades, controlan el clima, las lluvias y la fertilidad de las tierras agrÃcolas. El Cerro Huantaca cumplÃa un rol fundamental en la costa de Tarapacá: era el Apu mayor de la franja marÃtima, la montaña más alta e imponente de la Cordillera de la Costa en esta latitud.
Desde su cumbre, la visibilidad es perfecta en 360 grados: se divisa toda la pampa y meseta de Alto Hospicio, la infinidad del océano PacÃfico y, en dÃas despejados, las imponentes cumbres nevadas de los Andes en el lejano horizonte. Para los antiguos pobladores, esta geografÃa privilegiada lo convertÃa en el eje espiritual que conectaba las fuerzas celestiales (el cielo) con las terrenales y las profundidades del mar.
El Guardián de la Plata y las Caravanas
El Cerro Huantaca no fue elegido al azar por los pueblos originarios. Su ubicación era sumamente estratégica tanto en términos comerciales como religiosos.
En la investigación que he realizado encontramos esto: el Cerro Huantaca actuaba como un faro de devoción y protección espiritual para las caravanas caravaneras y mineras. Estaba situado de manera equidistante sobre los dos ejes de vida prehispánicos de la comuna: vigilaba directamente el paso del Qhapaq Ñan Costero (por donde transitaban los caravaneros de llamas) y, al mismo tiempo, custodiaba las fabulosas vetas argentÃferas de Huantajaya (la gran montaña de plata vecina). Los antiguos mineros indÃgenas sabÃan que para extraer los metales sagrados del subsuelo debÃan ganarse primero el favor y el permiso del gran Apu Huantaca mediante ofrendas de coca, chicha y metales preciosos.
La Sacralización Inca y el Santuario de Altura
Cuando el Imperio Inca (Tawantinsuyu) expandió su influencia hacia el sur e incorporó a Tarapacá a sus dominios, reconoció de inmediato el poder espiritual del Cerro Huantaca. Los incas solÃan sacralizar las cumbres más significativas de los territorios conquistados para consolidar su poder polÃtico y religioso.
Fue asà como convirtieron al Apu Huantaca en un Santuario de Altura. En su cumbre, construyeron plataformas de adoración ceremonial donde se realizaban las ceremonias más sagradas de su imperio, incluyendo el ritual supremo de la Capacocha. Al enterrar allà a sus ofrendas divinas, los incas sellaron un pacto eterno entre el Cuzco, las deidades andinas y la meseta de Tarapacá, consagrando para siempre este cerro como el corazón espiritual del territorio hospiciano.
El Apu Eterno de Alto Hospicio
Aunque la colonización española cambió su nombre al de “Cerro Esmeralda” debido al color verdoso o azulado que toma su silueta cuando es envuelto por la camanchaca al atardecer, su fuerza histórica permanece inalterable.
Para todo Alto Hospiciano, el Cerro Esmeralda es mucho más que un hermoso accidente geográfico. Es nuestro Apu Huantaca, el coloso de arena que ha custodiado a nuestra comuna desde tiempos prehispánicos y que sigue levantándose al borde del abismo para recordarnos la antigüedad, la mÃstica y la grandeza de nuestras raÃces.