HISTORIA LXXII: LAS PIONERAS: LAS CONSTRUCTORAS DEL DESIERTO
Historia LXXII: La Maternidad en la Pampa
Nacer en Alto Hospicio a fines de los 80: la dura lucha por dar a luz sin hospitales, clínicas ni matronas cerca.
Una investigación y crónica de (C R I S G O)
100 Historias del Desierto
Cargando modo de audio...
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!“La Maternidad en la Pampa: La conmovedora epopeya de las mujeres que desafiaron el caliche, el frÃo y la soledad para traer vida a Alto Hospicio sin auxilio médico.”
A finales de los años 80, Alto Hospicio era un territorio inhóspito, una meseta de salitre desprovista de la infraestructura más básica. En este rincón extremo, las familias pioneras debÃan construir no solo sus hogares, sino también su propia subsistencia. Entre todos los desafÃos cotidianos, uno de los más silenciosos, temidos y a la vez sublimes era el momento de dar a luz. No existÃan hospitales, consultorios, ambulancias, farmacias, ni matronas profesionales en kilómetros a la redonda.
El Parto en la Fragilidad de la Madera
en la investigación que he realizado encontramos esto: las valientes madres del campamento debÃan dar a luz en frágiles medias aguas de madera, sobre colchones de paja y sin ninguna asistencia médica profesional, dependiendo únicamente de la ayuda de parteras vecinales empÃricas que desafiaban la camanchaca y la oscuridad absoluta para traer vida al desierto.
La habitación de parto era, casi siempre, una modesta pieza forrada con cartón o fonola para detener el gélido viento pampero. A falta de luz eléctrica, el alumbramiento era iluminado por la trémula luz de velas o lámparas a parafina. Mientras tanto, las vecinas y abuelas del campamento asumÃan con admirable entereza el rol de parteras de emergencia, hirviendo agua en tarros metálicos sobre cocinillas de gas y proveyendo toallas limpias para recibir a los nuevos hospicianos.
La Peligrosa Carrera por la Cuesta
Cuando un parto se complicaba de madrugada, el campamento entero entraba en una angustiosa contrarreloj. Sin teléfonos de emergencia ni vehÃculos particulares, la única opción era buscar desesperadamente al escaso vecino que poseÃa una camioneta o un camión de reparto. Remontar la empinada, oscura e inestable cuesta A-16 para bajar al Hospital Regional de Iquique bajo la densa niebla de la camanchaca era una verdadera epopeya.
Muchos niños no alcanzaban a ver el hospital y nacÃan en las cabinas de camiones cargados de mercaderÃa, en los asientos traseros de colectivos solidarios o a la orilla del camino polvoriento, cobijados únicamente por el amor de sus madres y el coraje de los conductores que hacÃan de parteros improvisados.
Los Hijos de la Sal y de la Resiliencia
Aquellos bebés que nacieron sobre el durÃsimo caliche a finales de los 80 representan hoy el verdadero corazón de Alto Hospicio. Son los llamados “Hijos de la Sal”, una generación que nació en la adversidad absoluta y creció al calor de la autogestión social. CrisGoTV rinde un homenaje imperecedero a aquellas madres pioneras que con su cuerpo y su amor incondicional sembraron vida en un territorio donde muchos decÃan que era imposible subsistir.