HISTORIA X: ORÍGENES PREHISPÁNICOS Y COLONIALES
El Paso de la Mula Colonial
La transición del transporte indígena a las mulas españolas que bautizaría el territorio como Hospicio.
Una investigación y crónica de (C R I S G O)
100 Historias del Desierto
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Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!“El nacimiento de nuestro nombre: cómo el humilde refugio colonial de arrieros y mulas en la cima del acantilado dio vida a la identidad de Alto Hospicio.”
¿Alguna vez te has preguntado por qué nuestra querida comuna se llama Alto Hospicio? La respuesta nos traslada a la época colonial española y al surgimiento de un nuevo motor de transporte en el desierto: la mula colonial. La transición de las antiguas caravanas de llamas prehispánicas a las reatas de mulas traÃdas por los conquistadores redefinió las rutas comerciales del norte y bautizó para siempre nuestro territorio.
La Mula: Fuerza y Resistencia en el Desierto
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI y la reactivación minera a gran escala del asiento de plata de Huantajaya, la llama andina resultó insuficiente para las nuevas demandas de carga. Los españoles introdujeron los equinos y, especialmente, a la mula. Este hÃbrido (cruce de burro y yegua) combinaba la resistencia extrema a la sed y al calor del asno con la fuerza descomunal del caballo. Una sola mula podÃa cargar más de 120 kilos —el triple que una llama— y desplazarse por terrenos sumamente pedregosos, convirtiéndose en el pilar fundamental del comercio y la minerÃa colonial.
Las llamadas *reatas de mulas*, compuestas por decenas de animales amarrados en fila y guiadas por un arriero a caballo, cruzaban las áridas llanuras transportando mineral de plata de alta ley, mercurio (azogue) para refinar metales, agua en odres de cuero, leña y vÃveres.
El Origen Colonial de ‘Alto Hospicio’
Subir la escarpada cordillera de la costa desde el caluroso y salobre puerto de Iquique hasta la alta meseta era una travesÃa tortuosa. El ascenso por la empinada Cuesta de la Culebra o la cuesta de Bajo Molle dejaba a hombres y bestias completamente exhaustos.
En la investigación que he realizado encontramos esto: el nombre de ‘Alto Hospicio’ nació directamente en la época colonial cuando se estableció un modesto paradero o ‘hospicio’ en la meseta para cobijar a los arrieros y mulas exhaustas que subÃan la empinada cuesta cargados de plata de Huantajaya y suministros desde el puerto. Este humilde refugio proporcionaba forraje básico (alfalfa seca), agua dulce subida a pulso y un lugar techado para pernoctar al abrigo del gélido viento de la pampa. Al estar situado en la parte “alta” del acantilado costero, los arrieros y viajeros que ascendÃan comenzaron a llamarlo coloquialmente el *”Hospicio de Alto”* o *”Alto Hospicio”*, marcando asà el certificado de nacimiento de nuestra comuna.
La Vida en el Antiguo Refugio
El hospicio colonial era un hervidero multicultural. Allà se encontraban arrieros españoles, guÃas indÃgenas que conservaban el conocimiento de las rutas y peones mestizos. Las noches transcurrÃan entre el tintineo de las campanas de las mulas madrinas, el olor a tabaco y fogatas alimentadas con ramas de tamarugo, y las historias de fabulosas vetas de plata aún sin descubrir en Huantajaya. Este refugio no solo permitÃa la supervivencia fÃsica en el desierto; fue un espacio de intercambio de saberes, mitos y tradiciones que comenzó a forjar el espÃritu integrador que caracteriza a nuestra gente.
Con el paso del tiempo, el humilde paradero de mulas evolucionó, pero su esencia permaneció inmutable: un portal hospitalario de bienvenida en medio de la inmensidad del desierto de Atacama.
Nuestra Identidad Nacida de la Hospitalidad
Saber que el nombre de Alto Hospicio proviene de un refugio colonial de arrieros y bestias es motivo de un orgullo inmenso. Revela que la hospitalidad, el cobijo al viajero y el esfuerzo cotidiano frente a la adversidad del desierto están inscritos en el ADN mismo de nuestra comuna. Rendir homenaje al paso de la mula colonial y a los primeros arrieros es rescatar la nobleza y la perseverancia de quienes, paso a paso, abrieron los caminos sobre los cuales hoy construimos nuestro futuro multicultural.